Después de dos años como guía y en lengua española de dichas catacumbas, creo poder decir una palabra al respecto e intentar responder a tal pregunta, dando algunas pinceladas. Hoy día, durante el año viene a visitarlas unas 500.000 personas de todo el mundo.
Hasta el siglo VIII sólo se acercaban cristianos a enterrar y rezar a sus muertos; escribían n las paredes graffiti en griego y en latín que eran pequeñas súplicas y oraciones de petición, alabanza y gratitud y en tiempos de persecución, también e acercaban soldados romanos.
Una vez se llevaron los cristianos los restos de los mártires, se abandonan las catacumbas y esto ocurre en el Siglo VIII, se llevan los restos de los mártires que son a los que quieren ya que los bárbaros que en distintas incursiones saquean Roma y también lo hacen en las catacumbas, de este modo llevándose los mártires no los puedan profanar.
Al abandonar las catacumbas, van a ser los mismo romanos, los habitantes y vecinos los que expolien y se lleven sepulcros, lamparitas, lápidas, ladrillos y otros materiales que les servirán para sus propias construcciones y viviendas.
Así permanecerán abandonas 17 siglos. Sólo que en el siglo XVI hace alguna escaramuza Antonio Bosio, llamado “el Cristóbal Colón de la Roma subterránea”
Pero va a ser el gran arqueólogo Giovanni Battista de Rossi quien en e siglo XIX investigará con firmeza. Sus mismos padres le dieron ese cariño a los mártires ya que le leían sus vidas y los domingos, el padre le acompañaba a ver distintos edificios, monumentos e iglesias de Roma y el chiquillo anotaba cuanto veía.
Nació con vocación de arqueólogo. Será quien rehaga las lápidas destrozadas, quien descubra la cripta de los papas y la de Cecilia.
Este gran hombre está enterrado en la “tricora” occidental, pequeña iglesia que está en la superficie de dichas catacumbas.
¿Quién viene hoy a las catacumbas de S. Calixto?
Vienen gentes del mundo entero, de toda raza, condición y edad. Ateos, agnósticos, creyentes, no bautizados, curiosos y estudiosos, de todo tipo y profesión. Lo he ido descubriendo conforme van transcurriendo los días y sobre todo lo he sabido después de la visita, que es cuando pueden comunicar, preguntar y hablar. Lo hacen a modo publico en los minutos posteriores a la visita o a modo personal. Muchos creyentes participan de la eucaristía que con anterioridad pudieron reservar la hora prenotándose.
Salen legres, satisfechos. Otros muchos te comunican se emocionaron y su carne se puso de gallina durante el trayecto o en algún momento determinado, me han llegado a citar la cripta de los Papas, la cripta de Cecilia, galerías… Otros me comunican que debieron contener la emoción y lágrimas. Ha habido niños y niñas, de edades infantiles, no jóvenes, los cuales hablan de modo espontáneo y nunca podemos impedírselo que comunican grandes verdades: “Con el poco dinero que tenían y fíjate qué obra realizaron”
Al final del trayecto explico qué es un mártir y qué es un apóstata, el que daba la vida por no renunciar a su fe y aquél que por miedo a morir y por cobardía, renunciaba a la misma
De ordinario elijo a dos jóvenes uno para representar el papel de mártir y el otro el de apóstata.
Me han llegado a comunicar, terminada la visita: “José Miguel, me has hecho mártir y yo no estoy ni bautizado”
Con jóvenes ateos y no bautizados llegaron preguntarme –tomando una cerveza- qué era eso de ser cristiano. El diálogo e vuelve serio, profundo, interesante… y así podría nombrar casos y casos.
También llegan personas que con claridad se les ve a través de sus intervenciones que están resabiadas o bien rebotadas y contra la iglesia de modo manifiesto.
Llevan carga, vivencias, experiencia contrarias a la fe. Nada de esto es discutible.
Otras personas, se ve con toda claridad que portan muchos prejuicios; otras muchas llevan bastante ignorancia religiosa en fechas, hechos, juicios y acontecimientos.
Casos ha habido en que de modo brusco se han manifestado muy contrarios a la estructura eclesial del Vaticano, del Papa y otros contrarios al vivir de los cristianos de hoy al compararlos con los primeros siglos. Por ejemplo “¿Dónde está el compartir en los cristianos de hoy?”
Estas personas suelen tomar dos posturas o bien de cerrazón o d e apertura y escucha.
En las personas que manifiestan cerrazón, – nunca juzgué- suelen desaparecer sin enterarte, no admiten otro modo de ver, otra postura y por supuesto nunca entro en discusión, no admiten el interrogante y meten todo en el mismo saco, no admiten que dentro de la misma iglesia se dan muchas posturas y diversas actitudes. No aceptan que la iglesia, además de ser pecadora es santa.
Y en las personas que se ve son abiertas – no juzgo, se ve- el diálogo, no la imposición, es rico, agradable, gratificante y además preñado de interrogantes y de posibles y futuras reflexiones por ambas partes.
¿Qué actitud debe tomar el guía?
Creo que ya di respuesta, la aclaro más si cabe. Nunca de discusión. Sí de apertura, interrogante, de reflexión. No de cerrazón ni de imposición, sí de claridad, diáfano y transparente tanto en contenido como en mensaje.
He de confesar que a veces no es fácil pero las más es muy gratificante el escuchar, comunicar y reflexionar juntos ante el hecho histórico de estos enterramientos cristianos en estas largas y oscuras galerías de lava volcánica donde cada pisada resuena a siglos pasados que se hacen presentes; donde hay mártires y esta tierra, lava está impregnada con su sangre.






