Cuando murió Miguel Ángel, Roma quedó huérfana. Pero 40 años después nace en Nápoles el día 7 de diciembre del 1598 Juan Lorenzo Bernini.
Su familia vino a vivir a Roma cuando el pequeño Giovanni tenía sólo 8 años, se pasaba el día dibujando, haciendo garabatos y copiando obras de arte. Se veía ya que iba a ser un genio. Le impresionaba las obras que estaban haciendo en la construcción del Vaticano y llegó a decir: “Algún día decoraré el interior de esta iglesia”.
Su padre trabajaba en Santa María la Mayor esto hizo que el Cardenal Scipione Borghese se fijase en este joven que ayudaba a su padre .
Y comienza a explotar la vida que portaba dentro, esculpió a David, pero no como sus antecesores, en pose de bravo y joven sino sencillamente en el momento de lanzar la piedra a Goliat. Captaba el instante para hacerlo eterno.
Sólo tenía 23 años y ya parecía ser el dueño del mundo, su madre llegó a preocuparse dado que recibió la “cruz de caballero” y lo veía con los elementos correspondientes a tal título: la espada y la cadena de oro…
El Papa Urbano VIII, Barberini le hizo el primer encargo fuerte, el que hiciera el baldaquino de S. Pedro. Como bien sabemos emplearon el bronce del friso del Panteón. “Lo que no hicieron los bárbaros lo hicieron los Barberini”- Pasquino
Comenzó a tener una fuerte clientela: Papas, cardenales, reyes, gentes de altura e importantes.
Tenía un taller, en él trabajaban un enjambre de jóvenes, un verdadero ejército. Él dirigía las obras. Describía las líneas generales y el resto lo finalizaban los alumnos., siempre bajo su atenta mirada.
Muchas veces se olvidaba de comer o beber. El trabajo le absorbía. No era un artista banal, se apasionaba y trabajaba frenéticamente días enteros.
Su arte nacía de una escrupulosa visión de la realidad.
Cuenta su hijo que llegó una vez a verlo poniendo una pierna suya en el fuego para poder pintar luego a S. Lorenzo quemándose en la parrilla. Así observaba los efectos que las llamas producían en él.
Un servidor ha oído que hizo lo mismo, poner un brazo y mirándose al espejo hizo y cinceló “L´anima dannata”
Con el otro gran artista Borromini tuvo gran enemistad.
Eran de caracteres opuestos. Bernini, alegre, jovial, vivo, conversador y comunicativo y Borromini, hosco, malhumorado, solitario. Todo esto se ve reflejado en sus obras. Estuvieron un tiempo trabajando juntos pero pronto se separaron. La rivalidad surgió de los encargos que a uno o a otro les hacían los Papas. Así al morir Urbano VIII, el sucesor Inocencio X, pareció que lo dejaba de lado pero el que le siguió, Alejandro VII de nuevo lo toma y le encarga que haga su sepulcro que es superbello, está en el Vaticano, llegó a cincelar un esqueleto que señala el tiempo con un reloj de arena.
Tenía golpes de efecto, por ejemplo cuando inauguró la fuente d el Piazza Navona, no había agua y llegó a darla en el momento en el que el Papa Inocencio X se acercó de modo que le salpicara. Es capaz de cargar sobre los lomos de un elefante, un obelisco.
En muy pocas ocasiones abandonó Roma.
Bernini fue mucho para Roma y Roma para Bernini.
A los 66 años, el rey de Francia Luis XIV le llamó, pero no le gustaba el estilo romano sino el afrancesado, volvió a Roma pronto, sus obras no eran para un París racional.
En su juventud estuvo muy enamorado de Constanza Buonarelli, le abandonó y en uno de sus cuadros, mandó que lo rajaran con un cuchillo…
Se casó con Caterina, tuvo 11 hijos, ninguno fue artista, uno le hizo su biografía.
Murió a los 80 años de edad. Roma le rindió una despedida calurosa.
Fue enterrado en Santa María la Mayor y con grandes honores, como si fuera un príncipe.

Llegamos a Santa María delante de donde está enterrado nuestro genio y…

Al apreciado Bernini
Atardece,
el joven Pau porta
bella rosa con su lazo;
es para uno de sus amores:
el gran escultor Bernini.
Con mano trémula la deposita
sobre el frío suelo,
Allá en el túmulo de Juan Lorenzo
en Santa María la Mayor.
Acompaña este gesto
la fuerte resonancia
en su gran nave
de una coral al vivo..
Bernini, te apreciamos,
queremos y admiramos
por la fuerza, vigor
y expresión de tu cincel,
también por tu sencillo epitafio.
Pudiste lucir el mejor túmulo,
no fue así; sencillo, desnudo
con solo tu nombre
y el “humiliter quiescit”
Así descansas,
Humilde y serenamente,
Querido Giovanni Lorenzo Bernini.
Para ti este bello detalle
en una tarde cualquiera romana,
para ti nuestro cántico y recuerdo,
Para ti la rosa roja
Sobre el frío suelo,
Caluroso por el recuerdo.
Bernini, ¡Calla!
Observa y calla. Cambia el espacio y el tiempo, no estés donde estás. Gian Lorenzo agarra al observador por el cuello y le sumerge en aventuras mitológicas y hechos históricos, es el ilustrador de nuestro texto imaginativo.
Verás con tus ojos una obra y te pinchará la imaginación. Aquí reside el poder de Bernini.
Así hay que verlo, entre la realidad y la fantasía. Su obra está ahí. Hay que saber contemplarla.
Bernini, ¡calla!
Gritas en el “Anima Dannata;
eres éxtasis, mirada;
vida y muerte enlazadas.
Moldeas mármoles
cual plastilina moldeada,
en juego y manos de niño,
así resta tu seña marcada.
Único, claro,
plástico , vivo
napolitano.
Así eres Gian Lorenzo Bernini
el eterno personaje romano.
Dejas tu huella perenne
como Plutón en Proserpina;
son los ojos y mirada
del otro, el artista,
el que intuye el milagro
de fábrica divina
que esconde la pieza tallada.
Gian, Bernini, Lorenzo,
grande como pocos.
Luz, sensualidad,
emoción y movimiento
son tus notas combinadas.
Cuando Apolo desea raptar a Dafne,
-pura emoción en acción-
la naturaleza crece en laurel
y en manos de la Ninfa se mece
y queda en corona plasmada en la frente
del dios, como recuerdo de un amor perenne.
Bernini sigue hablando,
no se calla y grita en el ánimo
de quien lo contempla.
Bernini, sí ¡calla!,
Gian Lorenzo Bernini
que nosotros ya gritamos.







